"Ser cultos es el único modo de ser libres" (José Martí)
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La Regla de Ocha (Santeria)

La Regla de Ocha, conocida también con el nombre de Santería, es la práctica religiosa más difundida en Cuba.

Es el resultado del sincretismo entre la religión africana de procedencia Yoruba (etnia de la Nigeria), y elementos de la religión Católica de los españoles llegados a Cuba durante el período de la colonización.

En dicho período los colonizadores europeos intentaron realizar un proceso de evangelización para someter completamente la población deportada del África: los esclavos fueron obligados a practicar muchos rituales católicos pero, al no querer renunciar a sus propias tradiciones, comenzaron a identificar sus divinidades — los Orishas — con los Santos católicos, en aras de ocultar sus antiguos rituales delante a las autoridades españolas. Fenómeno este que pudo ser posible porque ambas manifestaciones fueron vistas o interiorizadas con una misma entidad espiritual.

Con el pasar del tiempo esta “estrategia” originó una transformación profunda; ¿como resultado?: muchos aceptaron exteriormente las enseñanzas católicas mientras interiormente mantenían su antigua religión.

A través de un proceso integracionista de elementos de diferentes culturas, definido por el antropólogo Fernando Ortiz con el término: la Transculturación, se puede entender una yuxtaposición que origina una nueva religión y, además, ayuda a comprender la evolución del pueblo cubano, a partir de los variados fenómenos y complejas transmutaciones culturales que expresan mejor las diferentes fases de este proceso. Transición intercultural que contribuye al advenimiento de una nueva realidad, que es la Identidad Cubana.

Estas breves apreciaciones, obviamente, no pretenden dar una visión exhaustiva de la Santería, que — como todo sistema religioso — tiene su propia estructura, compuesta de jerarquías sacerdotales, liturgias, rituales, ceremonias, etc.

Es necesario añadir que, siendo un fenómeno cultural rico y complejo, la Regla de Ocha no representa sólo una religión, sino un verdadero sistema filosófico que ubica en el centro al hombre, a su existencia, sus posibilidades y su relación con las divinidades.