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Tío Tom
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¿Dónde termina la leyenda y empieza la realidad? A veces un acontecimiento o un personaje se transforman en leyenda y la historia real se pierde en la memoria.
Y a menudo un personaje se hace leyendario en desmedro de la persona real, que queda relegada al olvido.
En la música popular y folklórica nos pasa a menudo y luego nos encontramos con seres de carne y hueso olvidados o ignorados como personas, mientras que se presta atención únicamente a su leyenda: es el caso del “Tío Tom”, del cual todos conocemos algunas de los cientos de canciones compuestas por él y que, sin duda, durante años fue sólo una entelequia, una figura legendaria...
Gonzalo Asencio Hernández nació el 5 de abril de 1919 en San Rafael y Hospital, en el barrio de Cayo Hueso. Fue a la escuela pública número 65, entre Marqués de la Torre y Calzada Diez de Octubre, hasta tercer año de escuela; más tarde asistiría a los cursos nocturnos en esa misma escuela.
La vida se le hizo dura y sucesivamente trabajó como limpiabotas, vendedor de diarios, albañil y peón. Gonzalo inició como autor cuando tenía apenas 15 años.
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Conocía rumbas del "tiempo de España" y conoció a los rumberos más famosos de ese período: Roncona, Mario Alan, Alberto Noa, Carburo, El Güinero, El Checa y otros. Hizo de la rumba su medio de expresión. En ese período, cuando los días eran malos y el trabajo era difícil de encontrar, el Tío Tom vivía de rumba en rumba, ya que, además de la diversión, en las fiestas se podía ganar unos pesos.
Su voz, sus pasos, sus golpes en la piel del tambor recorrieron a lo largo y a lo ancho los caseríos de El Palomar, La Siguanea, El África y otros de Belén, Atarés, Jesús María, Los Sitios, Pueblo Nuevo, además de los barrios rumberos de la Habana metropolitana.
El Tío Tom cantaba a la Revolución, la Patria, el amor y la vida.
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